Shenmue, o cómo convertirse en algo eterno

Shenmue, o cómo convertirse en algo eterno

En cualquier arte que se precie sucede de vez en cuando una obra que rompe los moldes, o como se suele decir, “adelantada a su época”. En el mundo de los videojuegos -si los consideramos un arte, porque debe considerarse así -, tenemos a Shenmue.

El videojuego de Yu Suzuki tenía todos los alicientes para convertirse en un hito dentro de la industria, y se terminó convirtiendo. Aunque tarde y a la fuerza. Corría el año 1999 cuando llegó a las tiendas japonesas el primer videojuego de Shenmue, un título en el que Sega había apostado ciegamente. Y no es para menos, pues estaba producido por Yu Suzuki y su equipo de AM2. Suzuki era una apuesta segura en Sega, pues en el pasado había creado joyas como Out Run, Space Harrier o Virtua Fighter, haciendo que Sega acumulase grandes beneficios en la época de las recreativas.

Sin embargo el mercado había cambiado, los jóvenes preferían jugar en casa y no en los salones recreativos. Ello trajo consigo un cambio de paradigma a la hora de producir videojuegos, haciendo que los desarrollos fueran más exigentes y costosos. Yu Suzuki llevaba años con la idea de lanzar un proyecto de las dimensiones de Shenmue, pero hasta la llegada de Dreamcast no hubo plataforma que pudiera ejecutarlo con soltura. De hecho, el productor ya trató de lanzar el título en Sega Saturn, pero con gráficos 2D y movimiento en scroll lateral. La idea no le gustó, y por eso el proyecto fue cancelado antes de dejar de ser un mero prototipo.

Shenmue, en Dreamcast, contó con un presupuesto de 40 millones de dólares, algo que era una auténtica salvajada en esa época. Sin embargo a Sega no le importó poner el dinero sobre la mesa, aunque luego nunca recuperaran la inversión. Y no la recuperaron no porque el juego careciera de calidad, sino porque se lanzó en exclusiva para Dreamcast, una plataforma que no gozó del éxito comercial que merecía. Las malas lenguas hablaron durante años de un complot de Sony para hundir la travesía de Dreamcast, pero nada más lejos de la realidad. Dreamcast murió porque los directivos de Sega nunca supieron demasiado bien qué clase de consola tenían entre manos. Quizás Dreamcast también fue una adelantada a su tiempo.

Shenmue contó con un motor gráfico totalmente nuevo, para así poder satisfacer todas las exigencias de Suzuki para con su obra. Y es cuando decimos que Shenmue era algo sorprendente, no nos quedamos cortos. En pleno 1999 era un videojuego con ciclo día/noche, mecánicas muy avanzadas y con una historia profunda y con gancho. Además, cada NPC del título tenía su propia voz, rostro y hasta su propio horario. Por ejemplo: Si necesitamos hablar con el tendero del barrio, tendremos que ir a buscarlo a su negocio en horario comercial. Si vamos fuera de ese horario, quizás tengamos que buscarlo en el bar, en el parque con sus hijos o incluso en su casa, si no somos muy de respetar la intimidad de la gente.

Eso era algo que convirtió a Shenmue en un juego difícil de catalogar. No era un juego de peleas, pese a tener combates elaborados, y no era un juego de aventuras, pese a tener una ciudad inmensa para recorrer a nuestro antojo. Tanto es así, que aun hoy en 2021 resulta sorprendente el resultado de Shenmue, sobre todo si lo comparamos con otros juegos de la época o incluso de años posteriores.

Al año siguiente vio la luz Shenmue II, que a diferencia del primero, no fue exclusivo de Dreamcast. La secuela también se publicó en Xbox con una versión mejorada. Bebía de las mecánicas del primer título, pero añadía algunas novedades. La historia transcurría en China, y debíamos buscar trabajos eventuales para ganar dinero y pagarnos una cama y nuestra comida en el país. Pero… ¿por qué la historia de Shenmue destacaba tanto? La historia empieza con el asesinato de nuestro padre, cuando unos misteriosos hombres llegan a nuestra casa y Lan Di, el cabecilla, reta a nuestro padre para que le entregue un espejo. Ambos luchan en un combate espectacular que termina con nuestro padre agonizando en el suelo, y entonces es donde nosotros debemos acudir en su defensa. Pero por desgracia, no aguantamos más que un golpe de Lan Di.

Es ahí donde comienza la historia de Shenmue, cuando debemos interrogar a los vecinos para obtener información del asesino y vengar a nuestro padre. Por el camino descubriremos qué es el extraño espejo, además de conocer detalles del pasado de nuestro padre. La historia no parece nada demasiado innovador como para que miles de personas clamaran en aquella conferencia de Sony en el E3 2015, cuando se reveló la tercera entrega de la saga, 15 años después.

El éxito de la historia de Shenmue es precisamente la libertad que nos da. Podemos recorrer la ciudad a nuestro antojo, descubrir sus paisajes, sus transeúntes y desgranar la historia como queramos. A nuestro ritmo. Si un día queremos dejar de investigar para pasar el rato en las recreativas, podemos hacerlo. Lo mismo sucede si queremos tomarnos un descanso para acumular horas de trabajo y así lograr unos ahorros. También tenemos libertad para pausar la historia y descubrir las objetivos alternativos que nos ofrece el juego. Mención aparte merece la breve historia del gatito del primer Shenmue; una mañana, saliendo de casa, descubriremos a una niña del barrio observando a un gatito en la caja. La pequeña nos alertará de que ha encontrado a un gatito, pero que su madre no deja llevárselo a casa. Nuestra decisión es si queremos cuidar al animal y alimentarlo, o si bien queremos dejarlo a su suerte en esa caja. Cada día que pasemos por delante de la caja podremos pasar del animal, o bien acercarnos a comprobar si está bien, si necesita comida, o si necesita jugar con nosotros. De hecho el gato nos reconocerá conforme vayan pasando los días, y se alegrará de vernos.

Por cosas así Shenmue se ha ganado a pulso un lugar en nuestros corazones, y si bien es cierto que Shenmue III no logró las ventas que esperaba, también necesita mención especial el hecho de que es un videojuego que no tiene cabida en el mercado actual. Hoy día hay muy pocos juegos en el mercado que estén pensados para jugar con calma y disfrutar de ellos a nuestro ritmo. Y menos aún juegos que cumplan estas premisas y rindan bien a nivel comercial.

Nadie sabe si algún día veremos Shenmue 4, o si el desenlace de la historia de Shenmue llegará en un formato distinto, como un manga o un anime. Pero lo cierto es que la saga se ha ganado el respeto de miles de personas en todo el mundo, y prueba de ello es el amor de Yu Suzuki por los fans de Shenmue, como demuestra el libro de visitas del hotel de Shenmue III, donde Suzuki recopiló manuscritos que los fans de la saga le iban mandando durante el proceso de Kickstarter.

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Redactor veterano, amante de los videojuegos y la cultura friki.